
En los días festivos, naturalmente, me reúno con mi familia más cercana. Hoy 25 de diciembre de 2009 no fue la excepción. Primero visité la casa de mis abuelos maternos, Tony y Carmen. Recibí dos postales con unos cuantos dólares y un par de mensajes muy especiales. Uno de ellos tenía como posdata que esperaba que me llegará un novio pronto. Este tipo de mensajes los recibo muy a menudo, especialmente, cuando torné los 20 años.
Asimismo, sentada conversando con la familia, mi abuela se detuvo un momento a mirar el anillo que llevo siempre puesto en el dedo del aro de matrimonio, y me dijo: “Quítate ese anillo o la gente va a creer que estás casada”. Y yo le contesté: “Eso a mi no me interesa, y además es donde único me sirve este anillo”. Que de hecho es mi favorito. Ella se molestó con mi respuesta, al ver mi desinterés en encontrar pareja. Me dijo una vez más: “Y yo que siempre rezo para que aparezca un muchacho”. Yo le correspondí con una sonrisa como de agradecida, pero la verdad, me reí con las muelas de atrás.
He comenzado por pensar que mi familia, especialmente, la de mi lado materno, están empeñados en que uno esté con pareja. Me ha dado por pensar que no soportan o no les hace sentido en sus cabezas que una mujer joven, entre los 20 y los 30 años pueda estar soltera. ¿Cuál es el afán de verme agarradita de la mano de alguien? ¿Es que soy tan poca cosa que me hace falta alguien para ser alguien, y valga la redundancia? Yo me siento bien y tranquila tal como estoy.
Nunca he tenido novio y nunca he estado a la búsqueda del Príncipe Azul porque nunca me he sentido preparada. No creo que soy lo suficientemente madura y responsable como para tener una relación sentimental con alguien. He sentido esas cosquillitas que se dice uno siente cuando está enamorado. He sudado, he temblado, pero no he visto ni sentido correspondencia parecida de alguien. Honestamente, me he resignado por esa parte.
Hoy Día de Navidad también visité la casa de mi abuela paterna, Genara, y allí estaban todos mis familiares, y mis primas con sus respectivos novios. Ellas son tres, dos mayores que yo y la otra menor. Es sorprendente que nadie me haya mencionado sobre el asunto, aún cuando ya una que es menor que yo ya tiene novio. Creo que ya mismo alguien dirá algo, y como las conozco a las tres, prontamente se les ocurrirá algo para buscarme novio, sino es que antes yo les evito la encomienda.
No tengo ese afán por enamorarme porque, primero, no estoy enamorada de nadie, y segundo, nadie lo está de mí. No creo que nadie esté interesado en mi persona ni en lo que yo tenga para ofrecer. Así que, yo espero estar tranquila como estoy por años venideros. Si llega el hombre llegará. A los 40, los 50, cuando sea, llegará. No hay prisa para el amor, si es que existe.

